se presentan ante el cura,
vez primera a confesarse
sin pecados concebidos,
llegan se hincan titubeantes
sin saber lo que dirán,
cuando la pregunta expresa
les cuestionará sus faltas,
a la voz del sacerdote
que intimida al preguntar,
y los chicos inocentes
tienen duda en contestar,
pues sus faltas no son graves
a esa limpia y pura edad,
casi todos se confiesan
robé una moneda a mamá,
quizá un pecadito inventado
para no hacerse quedar mal;
ahí les dan su penitencia
y todo lo que rezarán,
para limpiar esa afrenta
a la gloria celestial,
lo dicen los mandamientos
mi niño “No robarás”,
viene en seguida la misa
con todo y su protocolo,
hasta que cita el que oficia
ya vengan a comulgar,
y salen corriendo los chicos
a cumplir algo sagrado,
sin que por dentro se quemen
o remuerda la conciencia,
porque si algo tienen a esa edad
es su total inocencia.
Caso contrario sucede
cuando adultos ya formados,
pasan sin voltear a ver
siquiera al confesionario,
menos que suelten hincados
ante el cura bien sentado,
ni por un error mental
alguno de sus pecados.
Pietro
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16-12-11













