He muerto en tu olvido,
en ese diminuto rincón
de tu corazón inerte;
en esa almohada
de paja y misterios
donde desde el silencio
te espero.
He muerto,
producto de tu fuga,
en esta mi fuente aniñada
de ilusión y cantos,
donde mi voz te aclama
con versos y llantos,
y aún me quedo.
Incomprensión y silencio
son el adiós del sentimiento
que naufraga en mis miedos,
vadeando en la barca del tiempo
recolectando la arena de tus labios,
apresando el recuerdo de tus manos,
atiborrando mi piel con tu hielo.
He muerto,
y sin hallarte he vuelto,
entre sombras y momentos
episodios de sentidos,
adobados con crema de desatino,
rocío en el intervalo del despertar,
pero yo, simplemente ya no te espero.









