
Un navío
que ha recorrido los mares,
encallando tantas veces
esperando el salvamento.
Soy ese puente doliente
balanceándose en el aire
entre la bruma, los árboles,
tentándose con el río.
Soy la cascada que surge
cristalina entre las rocas,
tenue, impetuosa,
ociosa, sonora,
alegre, brillante.
Cuando tus lirios me abrazan,
en tus mares mi navío,
se estremece y se extravía.
Soy ese puente,
tu eres el río.
Me tiento, me atraes
vértigo exquisito.
Como en un conjuro
me convierto en flor;
desciendo a tu piel...
En tus aguas quietas
soy Victoria Regia,
soy entre tus manos
flor del Irupé.
Matilde Maisonnave










