
No concluyen estas ansias,
este ostracismo inundado de lágrimas
que mutila la morriña en el alma.
No culminan los agotados sueños
ese fallido intento de comprender
los encuentros sibilinos del ayer.
Entrañables costumbres gastadas
por la arena que subleva el tiempo y
que embiste la ola del insurrecto destino.
No concluye la belleza,
vuela osada por el presente
atravesando intuiciones y cortesías.
Quisiera poder encerrar esas ansias,
apresar la mordaz inquietud de los sueños y
entre álabes e incisivos sujetar la belleza.
Y hacer con ellas la costumbre
de correr libre por inquietas nubes
hasta tocar el cielo y trazar espirales de ilusión.













