ya soy dueña del pórtico de tus horas,
trepando por el muro de glicinas blanquecinas,
que aviva el eco del páramo en la cima.
Nuestros caminos dispersos en el hastío,
huellas vivas buscaban entre el gentío,
y un día mansamente se unieron en el alba,
acopiando estrellas de cristal en la espuma del mar.
Si fuera poeta despuntaría la nostalgia,
en el imperio de tus creencias somnolientas,
te aferraste a mi ternura con ramo de palabras,
y gentil perfume de una flor y su quebrado talle.
Cae la tarde y el espejo del agua proyecta mi imagen,
sé que vendrás en un rato y abriré el cerrojo,
eres el amor de un duende silencioso en primavera,
tibio día de noviembre dónde la luna en rojo esplendor…
enamorada está en las aguas de grana que del Plata nacen.
BRISEIS























