
A muchos kilómetros de distancia,
atravieso los velos de las reminiscencias,
proclamo el culto del AMIGO y sus esquemas,
y sin desconcierto me uno a su paso de espuma.
Sentada en la humedad de la hierba,
tal vez entrando en la escala de la armonía,
penetro en los rincones secretos de mis pactos,
y siento extrañamente mis pesares quietos.
Nuestros briosos caballos alados en la playa de nácar,
proporcionan en el espacio la frescura de lo nuevo,
por medio de qué milagro tu aire me dá la sonrisa,
y crea la menor lejanía entre tu ángel y el mío?
Encadeno tu Amistad en posición de camaradas,
al abrigo de una especie de complicidad,
me reconforta el riesgo de los plácidos merodeos,
trepando en la iniciativa de los gestos.
Las sinfonías de la vida con distintos matices,
que nos quedan aún por cumplir,
se entrelazan en convivencias tácitas,
y me enderezan algún rasguño del alma.
Y me quedo callada, quietecita, temblando,
no de frío, sino de sorpresa por verme a tu lado,
para darme valor el sentimiento prevalece,
y hago contigo un acuerdo visible de misterio.
Eres mi AMIGO y estás en el centelleo de la luz,
en ese camino ambiguo en que la importancia,
son los brazos ciertos, abiertos e infinitos,
que intentan vivir bajo un sello invencible.
Tu mano me da coraje y la admirable facultad,
de no tropezar jamás en el vacío, amigo mío,
por inercia, por ternura, por impaciente
te elijo por el sendero restaurado por un ruego.
Compartes conmigo, AMIGO, el cruce caminero,
que me transporta frágil y vulnerable a tu reposo,
no te detengas, alumbra mi vida con tu Amistad,
yo soy el manantial y tú eres el agua pura
que nace y se renueva en tu dulzura, todavía más.
BRISEIS (ANNIE)

















