
albergó ese niño dentro de su vientre…
Tejió las fantasías de un mundo perfecto para él…
Mantitas, baberos, chupetes, juguetes…
Un mundo de colores para mostrar…
Un mundo de colores para sentir…
Sus ojos tenían la luz de mil luceros,
sus manos la tibieza más sana para entregar…
Tomaba sol en las tardes… caminando por la plaza
mientras soñaba despierta con hamacarlo en su infancia…
Y le cantaba bajito, a la panza que crecía,
como si fuera una luna llenita de tanta vida…
Por las noches se acostaba y sus manos reposaban
sobre la piel siempre tibia…
Y el niño desde su mundo, le contestaba bajito
con movimientos que ella disfrutaba en un suspiro…
Nanitas que despertaban en la mañana temprano,
era un hada de colores revoloteando en la casa…
no hay dicha más duradera, que la de un ángel que espera,
la llegada pequeñita, que vendrá a alegrar sus días…
Tejía con su fragancia… la mantita de estrellitas
y bordaba con rosarios, el nombre de su cachorro…
¡Cuánta alegría en sus ojos!
¡Cuánta pasión la movía!
Una tarde, de esas tantas… salió a la plaza otra vez…
Y en la esquina, sin reparos… la sombra la sorprendió,
Un auto robó ese sueño y en el suelo la dejó,
Mientras su cuna de plata, hecha brisa se rompió…
En su agonía sentía los latidos de su amor
Y en sus rezos repetía: -¡Dios, tenme compasión!
El parto no se detuvo… y el niño pudo nacer,
alcanzó a ver sus ojos… y a besarlo en los pies…
Una sonrisa en los labios… se dibujó sin querer…
Y en las alas de un ángel… dejó la vida por él…











