Regresar quisiera, lastima la ausencia
mas el tiempo pasa y el ayer no vuelve,
lacera el ocaso que el dolor devuelve
el infiel contrato de esta penitencia.
Hoy siento el abismo de la displicencia
desaliento insano de la desconfianza,
que deja un estigma de falsa esperanza
en la herida adusta de la indiferencia.
El pesar aturde, confunde la esencia
cetrina del rostro de la primavera,
se escapa el arcano rosal sin quimera
en el vago exilio de la gris demencia.
Ostenta el recuerdo la benevolencia
que se aferra ilusa cuando el llanto ignora
y aunque inexorable la memoria aflora:
se arrebola el alba con su vehemencia.
Extraño cada día tu voz toda dulzura,
añoro una sonrisa y el eco de ternura.
Te siento en mi universo que inspira cada nota,
fluyendo cual adagio si la esperanza brota.
Quimera que me abraza leal y acrisolada,
irisa el horizonte cetrino en la algarada.
Pletórica extrapola y esplende en la belleza,
surtiendo desde el alma loable su nobleza.
Acerco a mi nostalgia que espera en los azares,
milagros que sorprenden trinando sus cantares.
Alivio la tristeza que surca clandestina,
con la memoria inquieta, donosa y peregrina.
Son páginas del tiempo que ilusas nos presagian,
sutiles desafíos y ensueños que contagian,
retando en sus revuelos arcanas aventuras
intrépidas y audaces, sin sombras ni angosturas.
Emulando el canto que emite el sinsonte
en verdes campiñas deleita el jilguero,
fiel y enamorado del trino viajero
campestres tonadas vagando en el monte.
La brisa seduce cual suave remonte
que alcanza en el eco su arpegio hechicero,
traviesa armonía que en su derrotero
suspira entre notas de iluso horizonte.
Y será el concierto preclaro de vida
en la rosaleda del añil espliego,
que acrisola el aria del amor que anida.
En la melodía romanza y sosiego
auguran la noche serena y florida,
en manto cual orla del azul dondiego.
¡Cómo no inspirarme en ti
musa y deidad de las letras,
beldad, finura, elocuencia
surcando llanos y montes,
centelleando al horizonte
esplendor de primavera!
¡Cómo no inspirarme en ti
legendaria de quimeras,
soñadora lira inquieta
que coqueta en su remonte,
bebe el néctar de las flores
y la miel en las estrellas!
¡Cómo no inspirarme en ti
si desordenas al viento,
emociones con los versos
que trascienden corazones,
en los délficos primores
y enigmáticos deseos!
Inspiro el caudal en ti
damisela del revuelo,
gaviota libre en el tiempo
tremolando dimensiones,
sol de azares pecadores
sin atávicos secretos.
Asomando el verde hechizo su ornamento
del sereno palmeral cuyas albricias,
se ha inspirado el alborozo en las primicias
y tremola la algazara al firmamento.
Ponderado el madrigal con su talento
en el aura cenital de las caricias,
va el oasis tentador en las delicias
de azahares arrullados por el viento.
Y besada por el iris de la brisa
en el nimbo surtidor del horizonte,
seductora va la aurora inconfundible.
Es testigo junto al trino del sinsonte,
el florido rosicler en la pesquisa
que adoniza un paraíso ineludible.
Esplende su alegría la tierna mariposa
con las alas al viento rozando los claveles,
traviesa en la mañana cual ninfa primorosa
en la brisa dorada de azares y pinceles.
Romance sibilino de ilesa golondrina
con las alas al viento que arrullan madrigales,
regresa enamorada, ilusa, peregrina,
viajera entre recuerdos y arpegios ancestrales.
Presume sus acordes el matinal sinsonte
con las alas al viento tentadas por el trino,
entona melodioso su canto al horizonte
cuando el alba acrisola su rostro matutino.
Albricias y esperanzas lozanas reverdecen
con la excelsa tonada del errante jilguero,
en la visión temprana de alondras que enternecen
con las alas al viento que irrumpe lisonjero.
De aquella historia nuestra solo el azul desvelo,
la brizna que humedece falacia de un señuelo,
arúspice de abismos, vidente del anhelo,
azar del horizonte, destino sin consuelo.
Solo el azul desvelo descubre lo intangible,
cuando el insomnio ronda la senda indefinible,
donde tremola el alma ligera en lo inasible
y alcanza el pensamiento su vuelo irreprimible.
Descubre lo intangible y etéreo la locura
sutil en lo incorpóreo que atina sin cordura,
arrebatando espacios, grabando su aventura
la ilusa filigrana punzante y sin censura.
De aquel camino incauto tan solo el nigromante
augur de una vigilia gozosa y delirante,
en el azul desvelo que arrulla alucinante
la orgía levantisca de nuestra historia errante.
Más allá de la muerte tu corazón y el mío
en el bregar etéreo de sueños que no expiran,
copularán de gozo ante el placer ungido
sin llantos ni mentiras bohemias en enigmas.
Trascenderán las almas gemelas compartidas
los anhelos besados por nuestro amor errante,
no serán las promesas infaustas pesadillas
de azares confundidos y grises realidades.
No fenece el suspiro profundo del amante,
más allá de la muerte se aleja la tristeza
fundiendo en su remanso el délfico combate,
que olvida la nostalgia y esplende en primavera.
En eterna romanza susurrarán quimeras
allá en el infinito cual pléyade intangible,
mientras tanto en el nimbo celeste y sin tinieblas
inescrutable el tiempo nos guardará infalible.
Besa el lirio del recuerdo una quimera
más allá del pensamiento y la añoranza.
Junto al céfiro discreto cual romanza
la algazara del placer fluye hechicera.
Peregrino el rosicler de primavera
que extrapola su candor en la confianza,
mensajero del pretérito se afianza
y perdura en la ilusión que persevera.
Besa el fuego la utopía del desvelo
y el insomnio del amor cual laberinto,
se confunde embelesado en el instinto
y en el loco desatino del revuelo.
Es el beso del primor en la espesura,
de caricias y miradas tentadoras,
confesiones que tremolan las auroras
presagiando la pasión y la aventura.
Susurran los gorjeos ilusos del sinsonte,
arpegios contagiosos trinando en armonía
adornan los silencios de excelsa melodía,
que irrumpe la vigilia sutil del horizonte.
Dibujo entre mis letras un colibrí divino,
veloz en su aleteo cual elfo entre las flores
leyenda de un recuerdo que fluye entre primores,
mientras vuela entre lirios el verde peregrino.
Fragante la memoria murmura en el estío
de azules nomeolvides y blancas mariposas,
esparce perfumadas sonrisas entre rosas
cual bálsamo del campo que sana el desvarío.
Capricho de las letras versando la quimera
fluyendo en el torrente del iris que arrebola,
en tanto entre jazmines el colibrí tremola
fugaz en el desvelo del alba en primavera.
La caricia del alba desde el monte regresa,
mientras tanto su aroma sibilino confiesa.
Peregrina del alba siempre osada y traviesa
en el cénit dorado y en la ilusa promesa.
Es azul la mirada del relente apacible,
en el trino bohemio del insomnio intangible.
Evidencia del alba que se asoma invencible
en el verde horizonte y amanece infrangible.
No se quiebra la Luna ni el lucero que admira
el rocío en la noche que acrisola y conspira.
Caprichosa va el alba y el azar de su lira,
con la tinta del alma cual adagio suspira.