Reverdecer del tiempo cuando el albur inspira
buscando en su fortuna más que un azar la vida.
Vigorizar el reto con la mirada erguida
en la quimera osada y astuta que conspira.
Sabe clarear el alba el sueño que suspira
de anhelos que seducen la aurora conmovida.
No delira nostalgias, se asoma decidida
al despuntar radiante su alborozada lira.
Regocijo de aroma, placer y melodía
que entusiasma prudente la brisa mañanera,
delirando inocente en el boreal que alienta.
El gorjear de esperanza arrulla en sinfonía
cual oda que transpira despierta en primavera,
amaneciendo regia sin sombra de tormenta.
Y así voy labrando feliz mi destino
venciendo las sombras oscuras que hieren,
obviando las cargas de penas que mueren
en crudo pasado de infiel torbellino.
Abrazo el presente que esplende divino
abriendo las puertas que esfuerzos sugieren,
no importa que azares del tiempo torcieren
senderos que emergen en gris pergamino.
El hoy que se aferra sutil, poderoso
fecunda las huellas que surten primores
cual bella algazara de albur milagroso.
Crisol de esperanzas y humanos valores
esparce el augurio que asoma ingenioso,
genuino y preclaro bohemio de amores.
Bohemio y genuino yo alejo el hastío
probando a la vida su gran fortaleza,
que no languidece de pena o tristeza
y abraza quimeras sensibles con brío.
No infunde temores el desierto impío
de frívolas dudas y absurda pobreza,
que esconde en la sombra pueril su torpeza
cuando inescrutable nace el desafío.
Y siento que emprende su vuelo divino
cual gaviota libre virtuosa ambrosía,
testigo inefable de amor peregrino.
Si fiel persevera la excelsa armonía
que emprende el camino sabio y diamantino,
morirá en penumbra la melancolía.
Te alcanzarán cascadas
del llanto delirante,
que alucina precoz;
y en laguna de anhelos
sucumbirá sangrante,
la triste melodía
sofocando su voz.
Resultará la astucia
que traiciona indolente
sin piedad ni pudor;
y en laguna de anhelos
se perderá aquel puente
de sueños, utopías
y quimeras de amor.
Te sentirás el dueño
demencial de la noche,
en celeste proemio
de lujuria y pasión;
y en laguna de anhelos,
desdeñable y fantoche
tu corazón pedante
se alienará bohemio.
En tanto yo me basto
con maldecir tu nombre
en el preciso instante
de tu oscura traición;
y en laguna de anhelos
tu dignidad de hombre,
de ególatra en su mito
fenecerá ignorante.
En solo un abalorio de vidrio y lentejuelas
como el inofensivo relente de un arpegio,
permanece furtivo y ufano el sacrilegio
que no cree en el perdón, ni mitiga secuelas.
No sabe del enigma de citas y de esquelas,
de rosas escondidas y del suspiro egregio.
No sabe del arcano rubor del sortilegio,
ni del mito de almas peregrinas, gemelas.
Tan solo el galanteo hialino y malicioso
susurró su falacia cual pérfido embustero,
flagelando el estigma sangrante y sigiloso.
Y no brilló discreta la luna ni el lucero,
se desbordó la intriga del odio silencioso
en la apariencia absurda de amante prisionero.
He de contar la historia de aquel ángel perdido
que perturbó el silencio cual impetuoso azar,
atávico de anhelos en sueño conmovido
que enajenó en un beso de Adonis su bregar.
En el arcén divino y afín del subconsciente
subliminal del ángel brillante y ancestral,
se desveló la noche inquieta de repente
en la fosforescente quimera espiritual.
Armonizó perfecta la cenital entrega
en el vaivén intenso del tórrido abrazar,
de suspiros ardientes que en el placer doblega
el empíreo horizonte de ufano despertar.
Y se encontró aquel ángel insomne y delirante
con la beldad preclara que alucina de amor,
en el delfos que inspira galanteo excitante
cuando el gozo del alma conquista seductor.
Mientras tanto conservo la bohemia mirada
de aquel ángel besando peregrina ilusión,
cuando admiro genuina la verdad susurrada
en el beso inefable de su etérea pasión.
Decirte quiero Matanzas
lozana ciudad que inspiras,
que aunque lejana suspiras
tus cantares entre puentes,
fluyen de anhelos cual fuentes
remembranzas que arrebolan,
cuando en tus noches tremolan
las conquistas clandestinas
y escapadas peregrinas
de poetas que enamoran.
Decirte quiero mimosa
yumurina de la brisa,
mariposa y pitonisa
que no esconde sus primores,
en el parnaso de amores
cuando esplende en melodía,
el quebranto o la alegría
la seducción o locura,
que acrisola su aventura
y eclosiona en fantasía.
Decirte quiero mi dueña
de poetas y escritores,
de letrados y pintores
que extrapolan tu belleza,
caribeña en la grandeza
de Atenas que se adoniza,
cuando el valle ruboriza
de alabanzas y versales,
adagios y madrigales
cual dádiva de fineza.
Preludia su ausencia y al alma penetra
el vital arpegio de su melodía,
madrigal de anhelos, oda y ambrosía
con la vehemencia que su amor impetra.
Trasciende el adagio su estigma de cetra
no hay broquel que impida sutil armonía,
si el arpa adoniza de acordes la orgía
al gorjear la aurora el azar sin letra.
La melancolía cede ante el hechizo,
su pesar se esfuma cuando el alba irrumpe
en suave requiebro de arrullo hialino.
Y el céfiro danza, peregrino estrumpe
en el horizonte que esplende rojizo,
en tanto el concierto suspira divino.
impetra: Pedir algo con vehemencia y ahínco.
estrumpe: Estalla, hace ruido.
cetra: Escudo de cuero.
El pequeño principito de la rosa
que guardaba en la ternura su constancia,
supo amar entre la espina su fragancia
al cuidar desde el silencio a la orgullosa.
Irradiaba una belleza vanidosa
sutilmente fantaseando la arrogancia,
lisonjera con carisma y elegancia
presumiendo en algazara desdeñosa.
Pudo ver el principito en la inocencia
la pureza y la honradez sin artimañas,
ni sofisma cauteloso de impotencia.
Evidente sencillez de las hazañas
que deslumbran realidades en la esencia
y enamoran con miradas sin magañas.
Artificios se disipan sin patrañas,
sin estigmas de atavismos ni arrebatos,
si perdura la nobleza sin contratos
ni perjurios quebrantados de campañas.
Verso déjame alcanzar
la gaviota que no espera,
quiero entre letras besar
la rosa de primavera
y con el viento atinar
la mariposa viajera,
que acaricie el despertar
flamante de mi quimera.
Luna déjame hechizar
el rosicler que cautiva,
impetuoso al estallar
con la aurora fugitiva
y el álveo crepuscular
en la mirada atractiva,
que no duda en abrazar
con el alma su misiva.
Tiempo déjame soñar
profanando el laberinto,
quiero en el Cénit vibrar
acrisolando el instinto
si florece en el azar
alborozado y distinto,
el milagro del versar
en el délfico recinto.
Sueño nostalgias lejanas
de mi niñez entre rosas,
con las ranitas curiosas
abrazando las mañanas.
Entornadas las ventanas
del pretérito que aflora,
siento el bálsamo que adora
el caudal de sentimientos,
con regocijo de advientos
conmovidos por la aurora.
Recuerdo aquel zunzuncito
trasnochado y pizpireto
aleteando tan inquieto
en el jardín tempranito.
Y evoco aquel coralito
en mi silencio coqueto,
atesorando discreto
mi romance favorito
y el primer beso fortuito
de inocencia sin libreto.
Soñaba ser mariposa
en mi arúspice desvelo,
levantisca del consuelo
y peregrina virtuosa.
Entre el jazmín silenciosa
esplendente de mi anhelo
se levitaba hacia el cielo
con la razón poderosa
de la quimera virtuosa
ladronzuela del revuelo.
Vuelvo mis ojos Atenas
a tus ríos y a tus puentes,
al caudal de los afluentes
del Olimpo de tus penas.
Al Yumurí de serenas
primaveras y vergeles,
palmerales y laureles
en la Ermita Peregrina,
como estrella que aglutina
las quimeras de sus fieles.
Miro tus vuelos infancia
y surtiendo mis quebrantos,
vivo nostalgias y encantos
que vencieron la distancia.
Siento el numen, la fragancia
de azucenas que regresan
y veranos que profesan
perpetuados, florecidos
sus claveles presumidos
de recuerdos que me besan.
Acerco mi pasión a la esperanza
la ronda del amor vence fronteras
y emergen del abismo las quimeras,
que vuelan hacia el eco que me alcanza.
Anhelo sin recelo ni venganza
la grácil golondrina que regresa,
cual musa del versar que me embelesa
tan libre en el azarbe de la lira;
e ilusa en el estío que me inspira
si esplende generosa en su promesa.
Tesoro es el edén de mi desvelo,
oasis del azarbe si conduce
virtuosa la cascada que transluce,
el díscolo primor en su revuelo.
Fenece en el olvido el desconsuelo
y aliena la nostalgia quejumbrosa,
concede una sonrisa luminosa,
preclara en la razón sin espejismos
sin sombras de cetrinos atavismos,
que oculten la verdad maravillosa.
Y canto con el trino de la alianza
la suave melodía de la espera,
que sabe del rubor de primavera
y alivia la inquietud de la añoranza.
En tanto se disfruta en la romanza
la nota peregrina que traviesa,
sorprende en el azar cuando confiesa
primicias de la aurora que conspira,
tentando el rosicler cuando suspira
si esplende generosa en su promesa.
Evoco cual hechizo el verde valle
tan fresco entre silvestres rosaledas,
amparo de un amor inolvidable
besando mariposas las palmeras.
Crisol en el espliego reverdece
y atisbo entre mis manos azucenas,
que exhalan el aroma de recuerdos
mixtura de jazmines y gardenias.
Irisa la tempera el sortilegio
y asoma una añoranza sus primores,
refugio que adoniza inexorable
soberbias primaveras de pasiones.
Divina la mirada cristalina
que abraza el rosicler del horizonte,
la vasta inmensidad sin espejismos
y el eco seductor de los sinsontes.
Azul entre senderos y cantares
revivo la emoción en las veredas,
atávico invocar insuperable
emanan las rosadas madreselvas,
fragante en el enigma de los montes
trepando el toronjil, la hierbabuena
y el tierno coralillo que se esconde
travieso en las memorias de mi tierra.
El espliego del valle cual lavanda acaricia
el donaire apacible de la brisa traviesa,
se vislumbra entre palmas el verdor de primicias
y el aroma garboso confidente despierta.
Hay murmullo de sueños que conspiran sonrisas
de aventuras y anhelos revelando sorpresas,
si regresa en la aurora la sutil golondrina
y eclosionan las ansias de romances en letras.
El rocío que asperge su frescor peregrino
en el álveo nocturno del hialino desvelo,
es relente de perlas en los campos floridos
coronados de azares por insomnes luceros.
Primorosa llanura que no entiende el olvido
y conoce el arrullo del zorzal lisonjero,
inefable acicala los senderos sombríos
con espigas azules que tremolan al viento.
Asumo el cansancio y el dolor que deja
la huella profunda de la despedida,
temores que duelen pero que no humillan
si al final el miedo revela sorpresas.
Declive y ocaso, renuevo o quimera,
senderos del alma que escriben su encanto
con perlas de sueños y pesar del llanto,
madrigal de auroras que alcanzan estrellas.
Presumo el talento de la musa inquieta
que atrapa entre versos la ilusión divina,
me asusta la noche de ingrata utopía
llena de espejismos en cumbres de esperas.
Respiro el aroma de la lira intensa,
que vence el abismo de la infiel cascada
del Nadir incierto de sombras extrañas,
abriendo horizontes: rompiendo cadenas.