
Entre ceros y unos
se aprisionan las almas,
mientras los recuerdos se hilvanan
en el telar abandonado del tiempo.
Allí donde las almas dormitan
solitarias o en compañía,
algunas marchan libres y exentas
otras ayunan en cárcel de realidad.
El cero prevalece en el espacio
siempre acompañado del uno mismo,
donde las almas se anidan
en dimensiones lejanas de encuentros.
Hoy, horizontes binarios nos separan
en lenguajes encriptados sin voz,
símbolos y lunas son la única compañía
en estos 365 días de longitud.
Y aunque la arena del tiempo
ya se diluyó en mi clepsidra
yo seguiré siento tu cero,
el uno... el uno seguirás siendo tú.











