en tu mirada amanecida
y un instante pentatónico
escucho bajo nuestra almohada.
Voy a guardarlos
bajo la sombra del abeto
en tres universos con siglos distintos
por si acaso una madrugada despierto
y nunca estuviste.
He inventado una oración
que te nombra traslúcida de Amor y signos
para que algún Dios no apócrifo
ilumine tus cabellos de musa,
en cada oriente
con la infinita luz azul del cosmos.
En noches como ésta
cuando octubre presagia secretos
he aprendido
a escuchar tu femenino silencio
a extrañarte, con intensidad y fuerza
cada vez que mi costado te murmura inevitable:
Hágase la voluntad del Amor
...y no la herida.
19 sep 2005















