Hoy yo miro en esos ojos tus deseos,
este amor habla con fuego sin palabras.
Hoy yo palpo con mis manos tus secretos
cuando besan mis pupilas tu mirada.
Me estremece el respirar de tu fragancia
el oxígeno del alma se arrebata,
elocuente de suspiros en su danza
y tú anhelas mi besar en tu mirada.
Enredados en pasiones sin palabras
van las rosas mitológicas y amadas,
tú: el Tristán de mi ilusión desenfrenada,
yo: la Isolda en su espera enamorada.
Hay un halo de esperanza en nuestras auras:
yo te miro y me desnudo sin palabras.
Tú te enredas con las rosas encarnadas
que entretejen indelebles añoranzas.
Y recorres las montañas y los vados,
yo me pierdo en el recóndito embeleso,
cual la novel aprendiz en mar anclado
en excelsa tempestad de los deseos.
Hoy yo miro en el marfil de tu sonrisa,
cada verbo que se escapa en el deseo.
Hoy yo enredo con mis dedos tus caricias:
cuando beso tu silencio con mis versos.
Ha de sangrar en versos crepuscular espera
que al escrutar la noche sondea sus anhelos.
Ha de saciar insomnios de ufana primavera,
que al indagar sus huellas se aferra a los desvelos.
Pudo sanar las rosas celestes sus heridas,
pudo verter relente de lágrimas al viento
al desangrar caprichos y dudas revestidas,
que exornan con sus galas retórico argumento.
Pues de cualquier manera la vida es un misterio
de enigmas tentadores y exordios mensajeros,
en tanto se confinan la injuria y el dicterio
que anulan las palabras de ascetas misioneros.
Si acaso en la figura de apóstrofe bohemio
esplende la palabra curtida de entusiasmo,
el frenesí que en versos ensalza su proemio
delira el arrebato sublime cual orgasmo.
Por ende si el recelo vacila en desconfianza
escéptico y perplejo sangrando incertidumbre,
ha de escribir la noche su pacto de esperanza
que atisbe el horizonte certero que vislumbre.
Romancero que enamoras
entre letras desafiantes,
los revuelos nigromantes
de las almas soñadoras.
Son caricias tentadoras
del arúspice erotismo,
perpetuando en su lirismo
cual sublime privilegio,
cada verso como arpegio
del asceta virtuosismo.
Romancero, más que amigo
eres cómplice de anhelos,
tan leal en mis desvelos
y el más sensible testigo.
Siempre fiel si me fatigo
entre dudas plañideras,
agotada entre quimeras
lastimadas de espejismos,
tú me allanas los abismos
y versas mis primaveras.
Romancero que trasciende
lo esencial de las primicias,
y el regocijo de albricias
que entre versos se sorprende.
Visionario que defiende
los intentos que no expiran,
entre verbos que conspiran
emancipando el talento
e ilustrando cada intento
con las musas que lo inspiran.
Sacudes todas mis penas
en tormentosas mareas,
sin claudicar entre quejas
plañideras de tristezas.
Secas lágrimas inquietas
que traviesas se apoderan,
del alma que se alimenta
de las dudas traicioneras.
Atesoras los secretos
loando cada momento,
en que el diáfano universo
dimensiona sus misterios.
Tan leal siempre discreto
confidente en los desvelos,
Apolo de mis deseos
en el délfico silencio.
Hacedor de mis sonrisas
en vigilias peregrinas,
caballero en las primicias
y oníricas despedidas.
Con tu mirada divina
desvaneces las neblinas,
Apolo que me cautivas
con tu hidalguía genuina.
Revelas el sortilegio
que fecunda nuevos sueños
de amaneceres bohemios
en el cenital reflejo.
Llegas cual oda de arpegios
en el clímax placentero,
del hechizante apogeo:
¡Apolo de mis deseos!
Siento que deprisa
la alborada llega,
corren las ardillas
sus orlas traviesas,
irradiando vida
cuando Ostara besa,
la luz de la luna
peregrina ilesa.
Heráldica insignia
tremola en la estrella,
que alcanza la cima
de ufanas quimeras,
cuando en la sonrisa
de la primavera,
trinan golondrinas
cual musas viajeras.
Y el céfiro inspira
caricias bohemias,
augurando albricias
en la sutileza,
del alba florida
que acrisola huellas,
cuando el aura irisa
su adagio entre letras.
(Ostara es el nombre de una antigua divinidad germánica de la primavera)
Lenguaje del amor bajo la luna llena
sublime es la ocasión que irrumpe en el desvelo,
relente de ilusión, rocío de quimeras
trinar del alborear que esplende en el sendero.
Aurora cual primor pletórico de anhelos
colmando la obsesión del cenit en la promesa,
albear del corazón de aciagos indiscretos
que ahuyentan el rencor bajo la luna llena.
Rubor en la pasión de arúspice lucero
que inspira el sideral azar de primavera,
inquieto en el plañir rociando las praderas.
En tierna conmoción se agita el hechicero
lenguaje del besar bajo la luna llena,
intrépido de amar iluso sortilegio.
Intrépido de amar iluso sortilegio,
el mito del amor escribe su romance
en pléyade que azul se expande al universo,
cual sílfide en jardín loando madrigales.
Leyenda en el umbral pondera los azares,
renace en el crucial augurio del proemio
e intenta florecer divina en los instantes
preclara en su ideal, venciendo cautiverios.
La crédula visión emigra entre las rosas
dejando tremolar impávida la brisa,
que atina a conquistar su aurora prometida.
Lozano el despuntar del alba luminosa
osada al disfrutar el gozo de la brizna
y el ínclito trinar que arrullan las alondras.
Intrépido de amar iluso sortilegio,
el mito del amor escribe su romance
en pléyade que azul se expande al universo,
cual sílfide en jardín loando madrigales.
Leyenda en el umbral pondera los azares,
renace en el crucial augurio del proemio
e intenta florecer divina en los instantes
preclara en su ideal, venciendo cautiverios.
La crédula visión emigra entre las rosas
dejando tremolar impávida la brisa,
que atina a conquistar su aurora prometida.
Lozano el despuntar del alba luminosa
osada al disfrutar el gozo de la brizna
y el ínclito trinar que arrullan las alondras.
Cual ínclito trinar que arrullan las alondras
se postra la razón al cenit del deseo,
sublime el corazón que danza en apogeo
vertiendo la emoción del néctar que eclosiona.
Danzando en el vergel de acordes mariposas
disfrutan el edén que acoge el universo,
susurran al vaivén del céfiro travieso
y anidan de placer: crisálidas de auroras.
El eco del amor trenzando sus historias
bohemio en el azar de arúspice desvelo,
esplende en la humildad grandiosa su renuevo
y asume la crucial conquista que acrisola.
Se adueña el corazón de sueños que tremolan
lozanos sin rencor ni ambiguos desaciertos,
flameante en la verdad exenta de misterios
que anida la virtud auténtica en su gloria.
Cual ínclito trinar que arrullan las alondras
disfrutan el edén que acoge el universo.
Esplende en la humildad grandiosa su renuevo
que anida la virtud auténtica en su gloria.
Primavera que invitas al renuevo constante,
que edifica criterios construyendo la alianza,
de senderos ilesos que alimentan las almas,
fecundando el denuedo, aspergiendo esperanzas.
Primavera de auroras que enternecen instantes
sin rencores que atrapen soledad y nostalgia,
fecundando lozana la quimera que alcanza
cuando plena trasciende cenital la alborada.
Primavera sin duelo que perdona elegante
el ocaso marchito que enlutó la añoranza,
confinando tristezas entre montes y palmas
en distancias bohemias y en humildes semblanzas.
Primavera de albricias que eclosionan radiantes
en el vástago intenso cuyo reto no plagia,
el retoño de sueños cual sublime enseñanza
que ha vencido desiertos en ilusa cruzada.
Danza la lluvia el encanto
que florece en sus primores,
danza el relente de flores
y el rocío asperge el manto.
Se abrillanta hasta el quebranto
que se pierde con la aurora,
cual diamante que enamora
al plañidero lucero,
como cómplice hechicero
de la ninfa seductora.
Regia vence cual señora
que con su baile de estrella,
deja huellas de doncella
en la brizna tentadora.
Goza el alba sin demora
su frescor entre amapolas,
que arrebolan cual aureolas
el resplandor que enternece,
cuando la lluvia amanece
como sílfide entre olas.
Atesorando alegrías
viviendo cada aventura,
atrapamos con mesura
las traviesas fantasías.
Va el caudal de simpatías
ponderando la belleza,
tan lozana en la nobleza
de la humildad que enarbola,
el respeto que tremola
y extrapola su riqueza.
Aquí tienes mi consuelo
de golondrina confesa,
desvelada en la sorpresa
del verso que danza alelo.
Con el trino del revuelo
de la décima infinita,
la musa irradia bendita
sus acordes lisonjeros,
seductores y hechiceros
con su armonía inaudita.
El rocío acrisolado
de la amistad que sosiega,
es del amor buen colega
que arrebola mesurado.
Cual espliego adonizado
en la brizna que acaricia,
fluye intensa la primicia
de la décima que arrulla,
cuando el consuelo murmulla
en el cariño que auspicia.
Por los campos y veredas
retoñan verdes los montes,
se acicalan horizontes
con zunzunes y verbenas.
Rosas, lirios y azucenas
que presumen su hermosura,
aderezan la llanura
primorosa y floreciente,
renovada plenamente
y animosa en su aventura.
Dadivosas las praderas
cual aguinaldos que inspiran,
se acicalan cuando admiran
florecientes primaveras.
Dejan huellas verdaderas
lo real maravilloso,
del carisma generoso
que no somete ni humilla,
pródigo en la maravilla:
sublime en lo majestuoso.
Soberanos los senderos
revelan con regocijo,
el caprichoso acertijo
de los trinos mensajeros.
Los gorjeos placenteros
de pajarillos silvestres,
armonizan los campestres
acordes de las campiñas,
sin tristezas ni morriñas
en derroteros alpestres.
En todas las estaciones
vive la musa traviesa,
ofrendando la sorpresa
que motiva inspiraciones.
Esplendentes intenciones
que acrisolan melodías,
trascienden las profecías
cuando tejen esperanzas,
y preludian alabanzas
azares y fantasías.
Poesía más que albricias
concedidas con encanto,
transformas mi anhelo en canto
cuando danzo en tus primicias.
Eres vida cuando auspicias
entre versos mil razones,
para acariciar misiones
con el numen tan divino,
del arte puro y genuino
en todas las estaciones.
En la celeste laguna
cortesana mariposa,
llega espléndida y gloriosa
renovada en su fortuna.
Radiante como la luna
entre sombras tentadoras,
viste con luces de auroras
horizontes inocentes,
naturales, confidentes
de alboradas soñadoras.
El renuevo acariciado
en primicia aventurera,
con aroma a primavera
y en el cenit consumado,
ilumina cual dorado
resplandor de la llanura,
deslumbrante en su lindura
fulgurante y esplendente,
del apogeo indulgente
con el trino que murmura.
Ingeniosa y peregrina
en el enigma furtivo,
fluye el primor atractivo
cual ambrosía divina.
Si al volver la golondrina
en el albor que despierta,
amanece recubierta
la versada fantasía,
de inspirada melodía
con la dulzura que oferta.