
De tanto extrañarte
aprendí a olvidarte.
Olvidé ésta, tu infiel distancia,
que arrebata con lejanías mi nombre.
Olvidé tu silencio,
ese que arrambla mi alma con agonía
en esta ventana de entierros y partidas.
De tanto extrañarte
aprendí a olvidarte.
Me extravié en el camino de la soledad,
en el derrotero de tus caricias silentes.
Me extravié en tu sombra
entre lunares de besos vedados
y éxodos de piel adobada con labios.
De tanto extrañarte
aprendí a olvidarte.
Surqué el horizonte del pasado
y te encontré en un recodo olvidado.
Surqué la distancia del tiempo,
me cautivaste con océanos de miradas
y entonces olvidé el axioma de tu instancia.
De tanto extrañarte
aprendí a olvidarte.
Olvidé tu distancia
Soterré la sentencia ingrata.
Olvidé tu rostro de certezas,
Creí en tu constante silencio
y me oculté entre cirros de recuerdos.
De tanto extrañarte comprendí
que en vano aprendí a olvidarte.










