De tus manos aprendí
el lenguaje del silencio,
la pasión de los versos
escritos sobre mi pecho.
De tus manos aprendí
que el mundo nace en el pensamiento,
que lo alumbra cada camino
dibujado por tus dedos.
De tus manos aprendí a oír
como me hablabas en silencio,
como me contabas
el dolor de sentirte lejos.
De tus manos aprendí
que están llenas de la vida que no tengo,
que poseen todas las caricias,
que son camino y destino, palabra y silencio.
De tus manos aprendí
que la pasión no se la lleva el tiempo,
que se duerme bajo la piel,
que la despierta el caminar lento,
de tus dedos escribiendo
versos de amor sobre mi cuerpo.
De tus manos aprendí
que la distancia solo era el tiempo,
de hojear los poemas escritos
sobre mi piel en cada encuentro.
De tus manos aprendí
que no existe el olvido,
por larga que sea la distancia
que separe nuestros caminos.
De tus manos aprendí
que no hacían falta palabras,
para hablarme del amor que me entregabas.
De tus manos aprendí
que eran el destino que buscaba,
que sin ti no hay camino,
solo hay recuerdo, silencio, distancia...

















