
Puertos lejanos
aguardan esta morriña,
este sentir...
Entre sal y espuma se diluye
mi sangrante, viajera melancolía.
Encuentro la soledad
atesorando mis alusiones
en los pliegues de las olas.
Mi soledad
atesora mis pasados
en la arena del recuerdo.
Lentamente
me exaspera el imposible,
se arraiga la despedida en mi alma,
se enfurece la marea
... y se atiborra con mi miseria.
Con su partida
mi erario vacío quedó,
condenado a la carestía
que viene con el cambio de la marea.
La piel de mi erario,
llena de penuria y anhelos,
se gangrena por la añoranza
y por el abandono de tanto recuerdo.
El misterio no reconoce el olvido,
no comprende el camino,
ni me acompaña a vagar en este ocaso.
No se deja apresar por la coacción,
ni le puedo cautivar
con las redes que arrojo al tiempo.
Ahora comprendo
que nunca más estará,
que mis puertos se ulcerarán
en estas playas,
en estas playas sin su mar.










