
Este denuedo por olvidarte
no es más que martirio y lejanía
amotinados en la penumbra
del silencio abrupto de tu ser.
Esta parda serpiente de sigilos
me arrastra pausada con fastidio,
entre sus colmillos evado la fétida
y escamosa abulia de tu abandono.
Viertes tu aversión, ojeriza apatía,
en océanos inertes de recuerdos
que abrasan inquietantes cenizas,
es tu silencio causante de mi tirria.
Gris, anodina esencia de ayeres,
en el fatuo anochecer de destinos
ocultas tu semblante opaco,
infecto gusano de melancolía.





