
En mis poros se cierne tu recuerdo
cual lluvia de miradas nocturnas,
en el olvido edificaste tu guarida
y yo, mi alma errante deposité
en el umbral trémulo del ósculo.
Carente de soles y lunas
surcas el horizonte añejo,
emerges en noticieros pasados
mofándote por la herida y la espina,
espina que sangra almas y osadía.
Se desvanece el alba en tu encuentro
porque te ocultas entre la lejanía y el llanto,
en el aroma del medroso tiempo,
en la verdad de este corazón cautivo
en el presidio: Soledad y Quebrantos.



