
Husmeando entre cajones y presagios
acostumbraba acercarse a la taberna,
taberna de nostalgias y laberintos,
ahí, donde la caricatura guiñaba a su ira.
Timando a lo perdido
cruzaba veloz la rúa del olvido,
se ocultaba en el diván madrugada
exudando el sudor del pan añejo.
Habitando el desamparo del día
se le miraba ocultar la llave perdida
quemando el acerbo café de antaño,
estudiando su osado éxodo de ilusiones.
Y así entre expiando y espiando
el emblema de su moral se marchita
entre exilios, templos y poetas
cerca con el alambre de su lejanía
la sombra sibilina de su retrato.














