
tiempo sin ráfagas de ilusión,
con agonías y desamparos.
Tiempo, no levantes la nube del deceso,
no opaques la tentación del roce,
ni la alucinación de mi piel.
Tiempo, eres fuego de amaneceres,
crueldad del pasado sin respiro,
impericia de almas sin espacio.
Silencios y rencores abruptos
sostienen asquerosos tu sentencia,
mientras en cirros de quietud te ufanas.
Desde la cumbre de la soledad,
réprobo, pérfido y orgulloso
sonríes entre soles y lunas de exilio.
Tiempo sin promesas,
tiempo, careces de humanidad
te enlodas, en la tirria de tu orfandad.




















