crece este delirio de realidades
que nace del vientre de la carencia,
del oprobio del pueblo y del hastío del bosque.
El tiempo no congela las heridas del hambre,
El sol no alcanza a henchir el frío,
ese frío infiltrado en los míseros huesos ,
y se detiene frente las piedras del destino.
La osada sonrisa del gobernante
ignora y olvida el apuro del vecino,
la añoranza del zagal con su birrete a cuestas
y la toga con la que protege su ilusión.
Un ayer se separó del semblante de la patria,
en algún doblez se quedó la fortuna,
sangrando marcha la inmundicia día tras día
y en el reprise del dolor se demora la vida.











