Eras de mi vida la armonía,
pájaro de luz en llamas.
Espigas, de mi cuerpo la caricia
sentida, y creciente melodía
de dulce trinar, tuya la boca.
En mi cuerpo trasnochaba
el lucero mío; de ti la fragua
ociosa y vagabunda, descalzada
en baldosas moribundas,
ataviaba con lirios los espejos
y lágrimas de velas que se alzaban,
alumbrando el rosal en la ventana,
gracioso al crepúsculo cedió
un mar de frescos pétalos
sobre el desierto de tu cama…
Eras oasis; el verso navegaba.
¡Pájaro en llamas!
Matilde Maisonnave















