Poemas
Poema cero
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Ella brincaba entre las rosas negras,
buscando telarañas perfumadas.
Siempre estuvo metida entre las cosas
intentando atrapar sus pensamientos.
Afuera de su casa yacía el cuerpo
de un hombre medio largo y medio muerto.
Esa noche espantosa rondo el miedo
y sus ojos clavaron la tristeza.
Si no fuera por las rosas y las cosas
ella hubiera sentido la desdicha.
Y se quedo sumida la mirada
en el océano gris de la locura.
Poema uno
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Lejos de ti, un muro prematuro.
Yo y la palabra seca. Y un mensaje de amor
junto a la hierba, y en la hierba un gusano largo y mudo.
He creído volar, y he despertado solo,
como si fuera leve la existencia
que se adhiere al impulso que la lleva.
No he podido alcanzarte, y eso asombra,
eso mata el acento de la vida,
hasta sumir el desespero en el olvido,
como un suspiro roto
en el silencio.
Luego desciendo al vértigo del alma
y allí me desencanto de tus ojos
para poder caer
mientras me muero...
Poema dos
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Es la hora del beso.
Cruza amor mío la seriedad del sueño.
Antes que se diluya la ilusión y el deseo
armaremos la jaula de los pájaros tristes.
Oye como truenan los besos en el cielo,
hasta formar destellos embutidos en lagrimas.
Nosotros lograremos cautivar nuestras almas
para estrenar el sueño desdichado
que circula en las hojas del otoño
amarillo, para enturbiar los pálidos
ojos del horizonte, herido por tu ausencia y tu desprecio.
Poema tres
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Ambos lados caían sin retorno.
Apagadas las voces, y la lampara.
Un jarrón destrozado, y un olor a nostalgia.
Y sobre el viento un mar de cicatrices
oscilando sin fe por los rincones.
Se rompieron los ojos con el llanto
y brotaron pedazos de amargura
como si fueran pájaros de sal.
Se volvieron los cielos negros negros,
y el corazón cayó como una fruta
desprendida de un árbol dolorosa .
Las puertas se cerraron para siempre
y una espesa
oscuridad llenó la casa...
Poema cuatro
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Era el tiempo del pan y de la lluvia,
de la flor colorida y de la hierba.
Del amor sin medida ni tardanza
y de los hijos dulces como higos.
Muy cerca de la huerta los perales
y en la acequia los patos y las aves.
Era el tiempo se los elotes blancos,
de los ejotes y las calabazas;
de las moritas y los jaltomates.
Era el tiempo de ver humedecida
la vida, los colores y la escarcha.
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