y la lluvia acrecienta la furia del parietal oblicuo,
mientras las lunas se decoloran en la calima
su llanto se difumina en la acequia del camino.
Aun el soez invierno calcina la esperanza
entre devaneos de amantes y lujuria prescrita.
El canto lejano e ignorante del desastre
es quien difama torpe esta bruma de soledad.
Invierno rancio subleva este mi cielo,
entre cantares y nimbos juguetea cual crío,
en este padecer sombrío de cúspides y arrebatos
endoso mi alma y le vocifero al inicuo destino.
Vociferar es purgar el alma
cuando el invierno forma un regato con tanto llanto roído,
es sostenerse sin marchitar y entrelazar su nombre
en la avenida del azar con la calle del ansiado estío


















