jugueteando en la puericia y en la ausencia.
El destello que sus ojos aprehenden
doblega el llanto solícito de su progenitor.
Es llanto y es deleite su presencia
en la tibia utopía de su dulce llegada.
El lioso pasado encierra en su alma
la antagónica e insurrecta ventura.
Esa ventura que albergó en su vida
juegos solitarios e impulsos de luna.
Es el quid inquieto y saleroso,
el alma de quienes le aman íntegramente
Y de su mano, sonrientes, con un abrazo
resguardan el acerolo que les obsequió la vida.






















