y el claro de la luna su velo matizaba.
Había consagrado el beso en la delicia,
azar de cautivar neófita su alianza.
Y ella acompañaba sus mitos con el arpa
y el claro de la luna su rostro contemplaba.
Había consagrado su tiempo de añoranza
y el néctar de la noche sus ansias mitigaba.
El templo de aquel bosque, augurios vislumbraba
y acordes de la noche pactaban con el arpa,
oráculo de arpegios, melódica algazara
y el éxtasis de un sueño besado por el alma.
El dulce frenesí sus musas suspiraba
y el templo de aquel bosque arúspice guardaba,
el velo de aquel sueño neófito de alianza
cantando con la luna el ángelus del alba.
Y ella cobijaba el velo de su alianza
y el claro de la noche sus huellas matizaba.
Había consagrado de arcanas alabanzas,
el mito del crepúsculo: averno de su alma.
Y Bella aún sonríe sus noches con el arpa
y habita sus hechizos cual ninfa enamorada.
Consagra en el secreto de atávicas alianzas
el pacto que reserva eterna su alborada.
Publicado por Aimée Granado Oreña / Gota de Rocío Azul














