en ese espejo dentro del alma
donde se arrullan las esperanzas.
Tengo un canto elegíaco,
que llora por la demencia que fatiga
vuestra ausencia y esta vida.
Se mezcla ese cirro con puños de sal
va infiltrándose someramente en el canto,
enmugreciendo las sábanas del tiempo.
Excusas que no sujetan vuestra compañía,
se detienen en la ribera del ocaso
y se enajenan en la prudencia del olvido.
Entre heridas mustias e ilusiones perennes
la aurora se sonroja en la cúspide del horizonte
depositando tímida, una sonrisa en mi libertad.




















