
Sobre serpiente de piedra,
retumba el sol en mis ojos
mientras brilla la chispa
sin aceite de un “Icaré”.
Apagada hoy la mecha
sigo detrás de mi llama
Puchika, de lana, que salta
dentro de la roca horadada
sobre un cascabel de plata
que abierto allí en el suelo
mira abajo en la quebrada,
mientras desde lo más alto;
ocultas de la sombra entre la luz;
las nubes hacen juegos,
magas de plumas y alas
entre sombras de un muaré.
Aún escucho al de a caballo
de hierro altivo y bizarro
buscándome los pasos
ambicioso cual Pizarro
sin encontrar la fortuna
que guardo en azules lagos
más arriba de la puna.
j.f
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