ENTRE CARTONES
(Prosa escasamente poética)
Seguro que en algún encumbrado despacho
alguien tiene sobre la mesa
ese informe de rabiosa actualidad,
que analiza la ola de frío que nos está asolando
y conoce,
porque así lo certifican los expertos,
con un aceptable margen de error
medido en términos absolutos y porcentuales,
el número de pobres que van a congelarse,
víctimas de las nocturnas heladas,
envueltos en cartones,
a las puertas
de cualquier supermercado
o en cualquiera de los infinitos recovecos
entre los pliegues y costuras
de la gran ciudad.
¿Se atreverán quizás nuestros jerarcas,
a celebrar, entre colegas, los resultados,
cuando en el recuento final de muertos
encuentren alguna desviación a la baja
sobre las previsiones iniciales?
Dan ganas de gritar
hasta aburrir a los sordos
o asustar a las piedras...
porque un solo muerto,
uno solo,
en estas condiciones
resulta insoportable.
En estos tiempos y en estos países
que hemos convenido en llamar desarrollados.
Dan ganas de gritar avergonzados
por estos muertos sin historia,
que nadie llorará, confinados
a una lista de papel, a un inciso
en la breve reseña de un telediario.
Dan ganas de gritar
ante la tragedia escondida
y repetida en cada ítem
de esta ciega estadística.
Dan ganas de gritar por este pobre
que ya no tiene voz
ni la tuvo, ni le importó apenas
porque desde años dio por perdida
la partida,
perdida su autoestima,
perdida la familia, los amigos,
abandonado a su negra suerte,
náufrago de ciudad,
le quedaba apenas un nombre
que ahora mismo acaba de perder
debajo de un número de referencia,
que algún diligente funcionario
se ocupará de colocar a bulto
sobre los cartones que intentaron en vano
proteger de la noche
ese cuerpo escarchado
antes de incorporarlo a la estadística.
ReyesFP
































