Tengo quimeras amarteladas
y dulces avenidas de canela.
Cada paso que dejo atrás
lo abandono acompañado del pasado,
deposito momentos en cada paso inerme
envueltos con papel de caramelo y un adiós.
Y sonrío al observar las hojas de mis días
caer plácidas en el dulce colchón de la vida.
Complacida cada tarde por el pincel
que despide las horas marchitas.
Tengo sueños confortables
con tenue tinte de utopía,
los persigo saltando entre charcos
enlodado con sésamo y corazón.
En algún mágico periquete
los sueños dejarán de ser delirio
y las huellas que con ahínco he plasmado,
en aquellas avenidas de canela,
lentamente, he de verlas pasar.























