
sigilosamente conquistó la anarquía,
aquella anarquía de sentimientos
acracia de libertad y pasión.
Sofisma, abyecto, disfraz de gloria
sedujo la marea calma,
adulteró con sus caderas la lealtad añeja.
Debía vadear la derrota
hundirla en su propia mierda
sobreponer la vana zozobra.
Entonces le miré de frente,
Arrebaté lo que había hurtado
y ya hacía propio,
le borré su indigente sonrisa.
Triunfante en el campo salté
arañada y sangrante
con un poco de libertad en mis manos
y un corazón roído pero latiendo fuerte.























