
Por la calzada fantástica y entelequia
recorrí ilusiones agrietadas del ayer,
Hallé fisuras colmadas de aciertos azulados
que rehuían intimidados por grises equívocos.
Manos que teñían de recuerdos los amaneceres,
dibujando círculos en el muro de indiferencia.
Abajo, en la calzada colisioné con la cobardía
arrebatándome la utopía de aquel encuentro.
Entre óbices y lunas navegué el Alagón
donde me aguardaba astral y solemne
el arco de Cáparra y a sus pies Marcus
el hado de su efigie exhumaba afanado.
Partí entonces por caminos vetustos,
entre termas y monumentos olvidados
se calan cantos romanos en insipiente latín
Y naufraga por el Tajo el dolor de los esclavos.
Fascinación y desconciertos arraigados
en la historia de los muertos
se asoman inertes crónicas Lusitanas
confesando azares y rebelión.
Por la Vía Lata
galopan sandalias roídas,
aseverando el despojo de gladiadores
que por hurto debían sufragar.
Y así de pronto el encanto se desploma,
cayendo raído en el dique de la realidad
solitario y mudo como longevo minotauro
se silencia la magia con tan exigua libertad.













