Te extraño
Como se extraña las flores vírgenes
En el vergel de una mañana fresca.
Tanto como la sinfonía de las gotas
Tempraneras en el sembrado campo
Y su verbena popular.
Como la triunfante sal
Para el festín sediento por los comensales.
Y sin esa luna, cubierta de sabanas
Preñadas de distantes poemas.
¡Ay, figuras a lo lejos!
Como una roca áspera, en las orillas
De la desconsolada playa.
Siempre tan lejos, siempre tan distante
Y la madrugada me sabe a socorro,
Pues los pasos de la melancolía
Son mis nupcias cada día.
Tus despechados cabellos
Son ellos, ya los humillados.
Tu indiferencia, agitación de mí
Desbordada copa de rencor.
Mi soberbia, danza cenicienta
En los rayos del sol.
Sigue tejiendo la grosa herida
Y si tu daga espina, piensa en mí
Como trágica guarida
¡Bienvenida seas pañuelo de corazón roto!
Y si tus labios hipocondriacos riéndose están
El allá será la puerta para mí
Nocivo enfermo andar.
Cierto es, el que te extraño
Como los templos encantados al silencio
De la acantilada fe.
Cierto tan cierto
Rapsodias habitantes en el banco de papel.
Como se extraña las flores vírgenes
En el vergel de una mañana fresca.
Tanto como la sinfonía de las gotas
Tempraneras en el sembrado campo
Y su verbena popular.
Como la triunfante sal
Para el festín sediento por los comensales.
Y sin esa luna, cubierta de sabanas
Preñadas de distantes poemas.
¡Ay, figuras a lo lejos!
Como una roca áspera, en las orillas
De la desconsolada playa.
Siempre tan lejos, siempre tan distante
Y la madrugada me sabe a socorro,
Pues los pasos de la melancolía
Son mis nupcias cada día.
Tus despechados cabellos
Son ellos, ya los humillados.
Tu indiferencia, agitación de mí
Desbordada copa de rencor.
Mi soberbia, danza cenicienta
En los rayos del sol.
Sigue tejiendo la grosa herida
Y si tu daga espina, piensa en mí
Como trágica guarida
¡Bienvenida seas pañuelo de corazón roto!
Y si tus labios hipocondriacos riéndose están
El allá será la puerta para mí
Nocivo enfermo andar.
Cierto es, el que te extraño
Como los templos encantados al silencio
De la acantilada fe.
Cierto tan cierto
Rapsodias habitantes en el banco de papel.







