exclaman esa libertad añorada
entre sombras acrecienta su candor.
Lo mismo le da el ángelus o el alba
cuando el silencio de su mirada
le impide atisbar el solaz azul del cielo.
El mar es un susurro a sus ojos
un galanteo de gaviotas al viento,
o simplemente espuma turbando un madero.
El silencio de sus ojos le hiere,
su inocencia aborrece ese rencor
mas la razón reclama su señorío.
Son sombras quienes le abrigan
en las quimeras de la alborada
en sus siete agostos con luna esturión.
Algún amanecer le traerá esa libertad
En sus ojos tantos sueños retozarán
y juguetones milagros cantos le traerán.














