
COMO PEZ EN EL AGUA
En este gris letargo de la tarde
sucumbo derrotado a la galbana
del sopor del hogar. En la penumbra,
mi mente se dispersa, se derrama
y encuentra distraída la pecera
donde unos pececitos vuelan, nadan,
flotantes, sumergibles, de colores,
se mecen y columpian en su jaula.
Su pequeña prisión es una fiesta
y parece que bailan
en círculos cerrados circunvuelan,
se arquean, se persiguen, suben, bajan...
Se adentran en mi sueño y todo el aire
se ha transformado en agua
y en dulce duermevela
me mecen los vaivenes de su danza...
ante un vidrio invisible, transparente,
que arrastra mi mirada hipnotizada.
Y despierto de golpe alborotado
mirando mi reflejo en la ventana,
y extrañándome pienso:
¿De quién será esa cara,
y esos ojos de ahogado
y esa congoja nueva en la mirada?
Buscando las antiguas dimensiones
de mis ojos, me alcanza
un nuevo escalofrío.
Me están brotando agallas,
he perdido los párpados,
y también las pestañas,
mis ojos son de pez, exagerados,
y por toda mi piel crecen escamas...
Al dios de los océanos le pido
que escuche mi plegaria...
Si en otra nueva vida he de ser pez
no quiero una pecera por morada.
Quiero un mar de verdad, inabarcable
lleno de olas, de arenas y de playas.
Habiendo navegado tantos sueños
en mares infinitos de aguas claras,
azules y profundas...
Después de haber sorbido marejadas
en noches de delirios... No sobreviviré
en un mar de juguete, si me falta
la boca de sirena que he mordido
en las aguas más bravas.
Reyes




































