Cada pétalo guarece inquieto
tímidos anhelos entre rosas y pistilos.
Tiembla el almez al otear desde su cuna
la ecuación que forma el viento
al agitar las hojas que yacen allá
junto a las efímeras amapolas.
Abrazado al horizonte el temor de la lluvia
- culmen de toda osadía -
entre sombras y nubes escapan
zafios gritos en forma de relámpagos,
enfrenta con denuedo y angustia
oprimiendo la fe de esta sangrienta ribera.
La soledad encerrada en cada gota de lluvia
transparente, húmeda de tanto llorar,
acaece sutil sobre flores y utopías,
fracturando el camino del olvido,
las rocas de granito... y la libertad.
Agoniza entonces la primavera,
agoniza después el rayo de sol,
agoniza la amapola en su desdicha,
y lejano - a la orilla del viento -
agoniza, encadenada la soledad.
Anveg

tímidos anhelos entre rosas y pistilos.
Tiembla el almez al otear desde su cuna
la ecuación que forma el viento
al agitar las hojas que yacen allá
junto a las efímeras amapolas.
Abrazado al horizonte el temor de la lluvia
- culmen de toda osadía -
entre sombras y nubes escapan
zafios gritos en forma de relámpagos,
enfrenta con denuedo y angustia
oprimiendo la fe de esta sangrienta ribera.
La soledad encerrada en cada gota de lluvia
transparente, húmeda de tanto llorar,
acaece sutil sobre flores y utopías,
fracturando el camino del olvido,
las rocas de granito... y la libertad.
Agoniza entonces la primavera,
agoniza después el rayo de sol,
agoniza la amapola en su desdicha,
y lejano - a la orilla del viento -
agoniza, encadenada la soledad.
Anveg








