Esta misma y desvelada poesía
Esos hilos entre las estrofas,
Aquellos bizarros instantes
Como la mecha encendida
Bajo el huracán enardecido.
Te amé, a mi modo barroco
Te besé, con labios fangosos
Abrazando a tus venas heridas
Cada vez que yo partía.
¿Y como dije amarte?
Si encendido el sol
Mi cuerpo en sombra se volvía.
¿Palpé tu boca?
Cuando las mandarinas mías
En el suelo rancio se dormían.
Máscara de barro artesano
Cuerpo de vinilo transeúnte.
Y la indiferencia de la relojería
Por tus olvidados ojos.
Mi promesa fue amarte
Más en el tiempo desarmado
Yo decido el encuentro.
Yo pinto el ancla de suerte
Para que me contemples.
No me beses cariño vivo
Que el reflejo del espejo
Tiene hambre de falsedad.
Soy la sal para el paraíso
La enfermedad de los hechizos
El seco verano para los trigos
Pero tengo
Una sed de ilusiones infinita
¡Maldito cariño narciso!
Vuelve a tu palacio de Roma
Y verás que la soledad
Es por ti quien se asoma.












