y oscuras sensaciones llegaban a su altar…
Allí donde pusiera los sueños y los rezos,
el miedo se hizo eco en lágrimas de sal…
Silencio hecho cadena, atrajo hasta su mente
la triste realidad…
El cuerpo se hizo frágil, dolido se rompía
y vio con impotencia su lecho de cristal…
La vida en cuenta gota se mostró presurosa
queriendo despertar
y puso entre sus brazos caricias hechas alas
para poder andar…
Caminó lentamente, donde dormían ellos,
sus ángeles de paz…
y tocó cada frente diciendo para adentro
lo mucho que amaba mirarlos sin cesar…
Buscó incansablemente dejarles algo bueno
para poder marchar
y no encontró riquezas dispuestas a ayudar…
Entonces vio sus manos, que estaban temblorosas
y tomó aquel cuaderno de hojas…inmortal…
donde dejó sus huellas en cada sentimiento
para poder narrar… “Que el legado más lindo
que tuvo para darles, lo puso en las simplezas
vividas sin final…
Que los besos quedaron grabados en el pecho
y allí harán un nido donde podrán llegar…
Si un día la nostalgia, mirara para adentro,
callarla con el nombre que siempre amó escuchar,
decir casi en secreto: ¡Mamá te quiero mucho!
y sentirán su abrazo embriagado de paz…”


























