
sin entender la razón de que no quieres amarme
argumentando motivos, que son odas tan cobardes…
No pretendía osadías en el trato de estar cerca,
simplemente te ofrecía el corazón sin pedir
aunque por dentro gritara, que alejaras la exigencia…
El amor es esa flor que se alimenta de a dos;
bebiendo de cada uno, las acciones constructivas
que forjan en un camino, el nido del corazón…
Es por eso que no debe sentirse obligación
de llegar hasta los brazos de quien te espera en la puerta
por cumplimentar la cuenta, de lo que “que se debe hacer”.
Aunque el alma se me escape en este último verso,
te dejo un beso bendito para que entibie tu ser
y recuerdes en las noches, que yo te supe querer…
Pasarán las primaveras… y la luz que yo tenía…
se la dejé a cada día que esperé llegar tu vida
al secreto de mi piel… donde juntaba las risas
en puñados de ternura y así hacerte feliz
sin importar el por qué…



















