Quemé mi ropa, y así desnudo empecé a caminar
Sin saber a dónde
porque el horizonte lo nubló
una niebla de desamor y tristeza
Pequeños demonios
Que te mezquinan la esperanza...
Pero yo terco y con el espíritu
de mi obligatoria inmortalidad
seguí cumpliendo mi condena
esperando que el tiempo
me hiciera crecer una piedra
que ocupe ese sitio hueco en mi pecho
Y mientras lucho con mis miedos, me fuerzo
a salir de la campana del sufrimiento
que ensórdese mi oído interior
con los gritos tumultuosos de la desesperanza
y sus lacayos el dolor y el silencio
Yo, amigo de Caronte
entre la niebla me burlo de él
porque me lleva por gusto,
porque no podré pagarle
y sé que molesto, mal me mirará
con sus ojos huecos y resignado
me tendrá que regresar
a la orilla de los vivos
para seguir vagando...
Porque en el hades no te admiten
si no traes tu corazón, y yo el mío lo perdí
me lo robó el silencio de tu boca
que un día olvidaré, para seguir…
















