y en la memoria pespuntes.
De mí sólo quedan briznas
-íncubos de mala fe-.
Hebras de mi sol errante
los recuerdos montan guardia,
otean el horizonte,
desvelan mi libertad.
¿Quieres emprender el vuelo,
amigo de la la veleta?
¡Alarma!, grita iracunda
la coz del último adiós.
Mas luego, rima latente
de consonantes caricias,
el abrazo del olvido
viste las sombras de tul.
Ni cantos ni chirimías.
Mortaja de mis tinieblas
escrutan cielos prohibidos.
-¡Luz de mi luz!
-¡Aquí estoy!











