tu cabeza caída por un hondo penar,
no puede consumir la lumbre de la vela,
el frío martirio no debe agotar tus sueños,
tu pecho tenso en la noche grávida,
no debe perturbar la sacra certeza de la pausa,
el viejo recuerdo detenido en el calendario,
es reencuentro de un momento ignorado,
olvida ese nombre en el aleteo preciso,
dónde viejos sentimientos enturbian tu pasado.
Hombre
huye de los rincones de la desolación,
eleva el rostro hacia la bóveda del cielo,
dibuja con tu mano un claro atanor,
y no habrá celdas que quiebren los intentos,
la esperanza no se pierde en el presente,
la ilusión escrita de puño y letra en la piel,
guarda las gotas de rocío en hojas del jardín,
las alondras y los mirlos volverán a cantar,
los lirios y ruiseñores prevalecerán en vos.
¡Hombre, despierta
y brilla con el aura ebria de otro amor,
que tiemblan en el viento las cenizas del tiempo!
BRISEIS

















