Una sombría lucidez alargada,
hoy se entrecruza y surge la congoja,
tu carta se proyecta en el vacío y no vale nada,
sólo ahorro una pena universal y callada.
Nos amamos al abrigo de los amaneceres,
pensamientos de dicha y alianza con la vida,
nuestro dique secreto y decisivo ejercía la libertad,
y las entraña, inagotables de extrema felicidad.
Insistentes brillos por entre los intersticios de las nubes,
aplastando al futuro y a la emoción sin plazo fijo,
más tu engaño fue la extrema convicción de la inocencia,
¡qué rara mezcla de desventaja y emoción!.
¿Ahora te enteras?
Terminaste en un instante lo más valioso,
la obsesión del amor concentrado en abandono,
y un adiós que mojaba blandamente la cama.
Fardos acumulados golpeando a la memoria,
el arrepentimiento se yergue como un protagonista,
y en el rellano de la escalera la derrota,
sin demostrar el valor de decir la verdad.
La incertidumbre acabó con tu disimulo,
y derramó sosiego sin consuelo,
ahora busco el acomodo del corazón en una idea,
y la serenidad inalterable que me anega.
Estás tan sereno que tu actuación es una rutina,
un vaho espeso te ciega y me escribes unas líneas,
para que mis estatuas blancas se muevan,
y con gesto triunfal te abran mi puerta.
He entrado en un letargo pensante,
sombras que son lagartijas que no se quedan quietas,
me basta con mirar atrás y vivo a salto,
la falta de aventura de tu propia ternura.
Tal vez, yo pueda ser una odalisca de piel fragante,
una sirena sentada en una roca, con escamas doradas,
la sacerdotisa astuta que brota en bata de seda,
volveré a oler el frescor entre pinos y violetas,
mientras el tigre desde el póster en la pared,
sigue imperturbable mirando de reojo…
la paz de mis ojos.
BRISEIS (ANNIE)





