Yo pronuncio tu nombre,
detrás de cada esquina,
bajo las luces de los faroles,
que cantan con las alondras,
cuando los duendes besan la luna,
y los astros se ocultan,
bajo las últimas frondas.
Lucidez de ensueños,
hondo crepitar de estrellas,
observo el viejo reloj,
que me marca el respiro,
de ese espacio sideral,
que se esfuma detrás
del llanto de las sombras,
en la fascinación eterna,
de dos seres que coinciden,
siempre en el aire con huellas,
en esa estación viajera,
dónde se conmueve la Primavera.
Pero, mi corazón sin ti,
no puede deshojar la música,
de la mansa lluvia sobre tu madera,
el néctar de tus flores es cordura,
que perfume el jardín de la memoria,
y en el último éxtasis,
de esta tarde clara y serena,
me llevo tu alma como brasas,
hacia mi soledad de cataratas.
Campanas que repicarán,
en las letras de tus poemas,
conmovidas las alondras,
en la humedad del beso,
y en el adivinar de tus gestos,
te amo como siempre,
en estas palabras solas,
con el alma que se moja,
gota a gota perezosa,
con el rumor del lamento,
pausada y monocorde nota.
BRISEIS


















