Con los brazos abiertos
Te has ido y me has dejado como un Cristo
con los brazos abiertos,
y así me quedaré ya para siempre
pues no saben mis brazos
abrazar otro cuerpo.
Estoy ridículo como un espantapájaros
con los brazos abiertos.
Pero no sé, no sé si cuando vuelvas
—que te quedes sin pilas,
que se acabe la cuerda—
podré abrazarte, aunque tu ves que sigo
con los brazos abiertos.












