
Amanece todo menos tu susurro,
y levanta un muro el aire contaminado,
la nostalgia a un lado, al otro el tuyo
tan lejos de mi mundo como cercano.
Amanece todo menos tu mirada
en la almohada de mi dulce sueño,
del que éramos dueños como cantaba,
y el que la nada puso todo su empeño.
Amanece todo menos tu ternura,
auyentada en la bruma de los sentimientos,
y mis brazos abiertos no se curan
de la bendita fortuna de quererte adentro.
Amanece todo menos tu llegada
anegada a un adión sin pronunciarse,
un rociarse de recuerdos desde el alma
sintiendo la llama entre la sangre pasearse.
Esencia






















