
Se pone el cuello vuelto, decididamente frágil,
tras la cortina, envuelta en su aureola literaria.
Hace frío y chapotean las gaviotas, en el agua.
Este puerto es jugoso, más que los frutos tropicales.
Las barcas se corresponden con los nombres,
de las niñas de cada barquero.
Hay un vendedor de chuches, que se quita el sombrero.
Un patinete hace ruidos, en las juntas de las losetas marrones.
Hace un castillo de arena, un diminuto crío,
junto a sus padres. Los membrillos han salido buenos, este año.
Se hacen apaños, para trocar sus pocas y escasas fortunas.
Los víveres sí están bien presentados.
Hay mercados, llenos de favores, cuyos precios no están alzados.
Se contiene, presurosa, la autora de los cuentos infantiles.
Lleva, matarile, rilerón, buscando unas llaves, hacia la fama.
No da con el dibujante apropiado. Quizá, la editorial. Tal vez, el tema.
Y ella se pone la bufanda. Pero no tiene nada que temer,
puesto que, si se agacha, no se le verá la flor de sus perfumes.
Es una sonrosada efigie recubierta de pelo crespo.
Es un duende pelirrojo, y mujer en libertad constante.
Hace un castillo de arena, un diminuto crío,
de las niñas de cada barquero.
Hay mercados, llenos de favores, cuyos precios no están alzados.
Y ella se pone la bufanda.
Lleva, matarile, rilerón, buscando unas llaves, hacia la fama.
Hace frío y chapotean las gaviotas, en el agua.
Se hacen apaños, para trocar sus pocas y escasas fortunas.
Es un duende pelirrojo, y mujer en libertad constante.
Es un duende pelirrojo, y mujer en libertad constante.
Las barcas se corresponden con los nombres, tras la cortina,
presurosa, de la autora de los cuentos infantiles, junto a sus padres.
Hay un vendedor de chuches, que se quita el sombrero.
tras la cortina, envuelta en su aureola literaria.
Hace frío y chapotean las gaviotas, en el agua.
Este puerto es jugoso, más que los frutos tropicales.
Las barcas se corresponden con los nombres,
de las niñas de cada barquero.
Hay un vendedor de chuches, que se quita el sombrero.
Un patinete hace ruidos, en las juntas de las losetas marrones.
Hace un castillo de arena, un diminuto crío,
junto a sus padres. Los membrillos han salido buenos, este año.
Se hacen apaños, para trocar sus pocas y escasas fortunas.
Los víveres sí están bien presentados.
Hay mercados, llenos de favores, cuyos precios no están alzados.
Se contiene, presurosa, la autora de los cuentos infantiles.
Lleva, matarile, rilerón, buscando unas llaves, hacia la fama.
No da con el dibujante apropiado. Quizá, la editorial. Tal vez, el tema.
Y ella se pone la bufanda. Pero no tiene nada que temer,
puesto que, si se agacha, no se le verá la flor de sus perfumes.
Es una sonrosada efigie recubierta de pelo crespo.
Es un duende pelirrojo, y mujer en libertad constante.
Hace un castillo de arena, un diminuto crío,
de las niñas de cada barquero.
Hay mercados, llenos de favores, cuyos precios no están alzados.
Y ella se pone la bufanda.
Lleva, matarile, rilerón, buscando unas llaves, hacia la fama.
Hace frío y chapotean las gaviotas, en el agua.
Se hacen apaños, para trocar sus pocas y escasas fortunas.
Es un duende pelirrojo, y mujer en libertad constante.
Es un duende pelirrojo, y mujer en libertad constante.
Las barcas se corresponden con los nombres, tras la cortina,
presurosa, de la autora de los cuentos infantiles, junto a sus padres.
Hay un vendedor de chuches, que se quita el sombrero.




