
Sonríe vuesa merced, envuelta en su gran abrigo.
Está hartita de comer bien, brevas e higos.
También, de montar en tándem con un amigo.
Me llamo Ruy Díaz de Vivar, Rodrigo.
No me beses, déjame. Quiero estar solo.
Un café con leche, por favor, y ponte el delantal, bonita.
Sírveme, que ya está aguada mi fiesta de pipiolo.
¡Desperté, y pardo no seré, ya, más! Me irrito.
¡Sentadito y sin doblar la espina!
Menos mal que usted es bien educado.
Pero no mueve las manos, para cuando necesito.
"Me debe respetar, que yo voy a la oficina."
Y me vio, en esa tienda de campaña, con el macuto y el saco.
La cantimplora y las botas chirucas, y el paño al cuello.
¿No puede guardar los celos para otro turno?
¡¡¡No, y no, que soy rey, por un día!!! El día menos pensado...
...Acá estoy, jorobado. Acá he venido. Si ha sido doloroso, lo siento mucho.
Yo soy el empleado del mes, y su nuevo marido.
Me llamo Ben Maimón, y sé de matemáticas.
Entreno, cada tarde, en una escuela mozárabe.
¡¡¡No, y no, a mí, la guardia!!!
...Celos, que son llantos de furiosa majestad, muy endiablada.
Me llamo Ruy Díaz de Vivar, Rodrigo.
¿No puede guardar los celos para otro turno?
¡Desperté, y pardo no seré, ya, más! Me irrito.
Sírveme, que ya está aguada mi fiesta de pipiolo.
...Acá estoy, jorobado. Acá he venido.
Me llamo Ben Maimón, y sé de matemáticas.
¡Sentadito y sin doblar la espina!
Y me vio, en esa tienda de campaña, con el macuto y el saco.
No me beses, déjame. Quiero estar solo.








