El espeso bosque estaba formado
por árboles altos, rojizos y delgados.
Pequeñas manchas blancas a lo largo del tronco,
a sus pies corría agua de diminutos arroyos.
Caminé sobre las hojas y esa agua transparente,
que bajaba despacito, desde los cerros adyacentes.
Que serenidad había allí, y una inmensa belleza
me sentía protegida entre tanta pureza.
Una tenue penumbra con placer me acompañaba
me encontré con lo genuino, en la espesura de las ramas.
Mi corazón se alegró, y sintió una gran paz
duró unos instantes...creí encontrar la divinidad.
Abracé a esa naturaleza, a lo infinito me elevé
y tuve un estremecimiento, divino de placer.
De que no estaba sola, tuve la gran certeza
aunque fué algo fugaz, capté bien su presencia.
LEONOR
















