
Manos queridas son aquellas que ya no veo
entre ellas recuerdo un tizón al rojo vivo
eran brasas entre cuatro piedras donde salía humo,
bella infancia fermentando mi niñez junto a mis hermanitos
un detalle como una dádiva de Dios que en la vida nos regalo
ese que siempre presente esta en nuestras mentes...
¿Qué otra sazón sino la tuya? Dificíl de probar
la manteca añejada, el cardo y sus arepas redonditas,
Un telar hermoso tejimos con ese ser tan querido
era su mírada fíja, transparente, lúcida e inocente
aquella mañana dormida se quedó y no abrío sus ojos más...
¡Dichoso el que un día se hace humilde de corazón!
Sí es clara su labor estara en lo alto como una luz...
De esta historia sale una lágrima pura y viva al pensarla
una palpitación por esos momentos liberando su alma
solo el tiempo no remonta en su dulzura y sus consejos
ella se llamaba Isabel y reposa en un jardín allí donde quería...
He aprendido en esta vida que estos amores nunca se olvidan
dejan su huella emborrable en nuestros destinos y allí estarán siempre.
Yanisbeth






















