
En el bravío acantilado de tus senos
desbarrancan mis caricias sediciosas
hambrientas de palpar y avariciosas,
prisioneras en el mar de los excesos
solo dejan su labor cuando mis labios,
desparraman en tu cuerpo ardientes besos.
Recorro cada curva que me ofreces
y me quedo reposando en tu cintura,
donde jadea con súbita locura,
mi voz, en la frontera del deceso
no queda ni el más ínfimo resabio
de los puntos cardinales que atravieso,
donde dejo la humedad de mi deseo,
consumado, frenético y poseso.




















